lunes, 20 de junio de 2016

Cómo aprovechar las vacaciones y el tiempo de ocio para mejorar los aprendizajes



“Toda habilidad que no se practique durante tres meses, se deteriorará. Aquella habilidad que cultivemos, se desarrollará.
 
¡Llegan las vacaciones escolares! Y con ellas, las ganas de descansar: de los deberes, exámenes, madrugones y rígidos horarios… El descanso es necesario para nuestros hijos y también para el resto de la familia. Pero, ¿debemos hacer vacaciones de los aprendizajes? Rotundamente: NO. Debemos descansar, todos, de deberes y exámenes, pero no de aprender y de relacionar nuestra vida con lo que ellos aprenden en la escuela.


Nuestros hijos necesitan descansar, cambiar de ritmo y recuperar las ganas de volver a la escuela. Es fundamental que tengan tiempo para jugar, hacer ejercicio, relacionarse, hacer lo que les apetezaca y de poder llegar a aburrirse. Lo que hemos de cultivar durante las vacaciones, es el necesario estímulo de la lectura, la curiosidad, la creatividad y las ganas de saberlo todo. Las vacaciones y el tiempo de ocio son una gran oportunidad de conectar con la vida y de practicar lo que han aprendido durante el curso

Peligros para quienes se desconectan y dejan de aprender
 
El descanso escolar es también una época de riesgos, especialmente para los aprendizajes. Si nuestros hijos no practican lo aprendido y no pueden trasladarlo a la vida para comprenderlo a fondo y encontrarle sentido, tienen el riesgo de volver a la escuela con pérdidas que les pueden dejar en la cola. 

La propuesta que explico en esta entrada está lejos de ser aburrida y tediosa. No es un alegato de los cuadernos de verano ni una llamada a no hacer nada de forma voluntaria: es una llamada a interesarse por lo que les rodea, a conectarlo con lo que han aprendido, a despertar interés por nuevos aprendizajes y, eso: es un alegato total y entregado al cultivo de la lectura.  



Las evidencias científicas de que disponemos respecto a los aprendizajes en verano son absolutamente contundentes: durante las vacaciones estivales nuestros hijos pueden perder hasta tres meses de los aprendizajes adquiridos durante el curso en lectura y matemáticas. Lo más dramático de esta situación es que las pérdidas estivales se acumulan con el paso de los años. Ello supone que con el paso de un curso, tras otro curso, haya alumnos que vayan mejorando cada vez más y otros que se van rezagando. Cuando se dan estos extremos, la diferencia entre dos niños o niñas que comenzaron en un similar nivel de competencia al inicio de la etapa escolar, pueden llegar a una diferencia de hasta cuatro años de aprendizajes al finalizar la secundaria. Esta situación explica parte del fracaso escolar relacionado, sobre todo, con el nivel socioeconómico de la familia.


Pero fijémonos en los detalles importantes: mientras unos niños y niñas pierden aprendizajes por falta de uso, otros los mantienen y algunos, incluso, mejoran sus competencias. ¿Dónde se encuentran las diferencias? ¿Qué podemos hacer desde casa para mejorar los aprendizajes?

Oportunidades para quienes conectan la vida y los aprendizajes y cultivan la lectura por placer
Os daré algunas pistas que pueden ayudaros a pasar un magnífico y divertido verano, sin con ello mermar los aprendizajes y posibilidades académicas de vuestros hijos e hijas. Lo mejor de todo: está al alcance de todo el mundo.

1.   Leer. Si vuestros hijos e hijas leen un mínimo de SEIS LIBROS durante el verano, no solo no perderán competencias lectoras, si no que las ganarán. 

2.   Leer por placer. La lectura no debe ser ni convertirse en una obligación. El objetivo es el de conseguir que nuestros hijos lean por placer. Este proceso debería comenzar desde los primeros momentos de su vida de forma gozosa, cálida y emotiva. Con el paso del tiempo, lo único que deberíamos hacer es cultivar este íntimo vínculo de nuestros hijos con la lectura. Si aún no hemos conseguido este objetivo, deberemos aplicarnos bien para conseguir que la lectura se convierta en algo placentero y satisfactorio. No dejéis de reforzar la lectura. La mejor forma de que sea un placer: leer lo que les guste, que les leamos nosotr@s.

3.   Escribir. No solo se pierde competencia lectora, también se pierde la fluidez para escribir. Por tanto, debemos multiplicar en casa las oportunidades para que nuestros hijos escriban, tomen notas, se comuniquen a través de la lectura, den valor a los mensajes escritos, creen literatura, personajes, historias. El reto se encuentra en las diversas formas y estrategias que podemos utilizar para que nuestros hijos e hijas escriban mucho y bien y den valor a una buena competencia a la hora de escribir. Ejemplos: hacer listas de la compra, organizar un evento, tener un diario de verano divertido o chiflado, pero diario.

 4.   Calcular. Las matemáticas deben estar presentes a diario en nuestra vida cotidiana. Debemos resaltar todas las relaciones que seamos capaces de percibir entre la vida y los conocimientos, en estos casos matemáticos. Deberemos sumar, repartir, multiplicar, calcular porcentajes, medir (distancias, espacios, volúmenes), estimar, predecir, presupuestar. Cuando los padres damos valor a algo, los hijos acaban dando valor a lo mismo. Ejemplo: comprar, hacer presupuesto de una fiesta,...

5. Conectar. Hemos de conectar todos los conocimientos que han aprendido a lo largo del curso con nuestra vida cotidiana: ciencia y tecnología, literatura, historia, medio social, artes, ... Si en nuestra vida cotidiana no se encuentra aquello que es necesario reforzar, refrescar o profundizar, vayamos a buscarlo. Al campo, a un museo, en casa de los abuelos,… Ejemplos: hablar de la guerra civil, observar la polinización, hablar del efecto de la lluvia y cómo se produce,... todo tiene valor como fuente de aprendizaje.

6.   Crear. La creatividad es el gran recurso que nuestros hijos deben tener bien desarrollado para poder responder a los retos, siempre nuevos, de la vida. Para ello, contamos con el recurso de las artes y la técnica.


El secreto estriba en no convertir algo que deseamos que suceda (leer y tener ganas de aprender) en objeto de ansiedad, temor o rechazo. Se trata de crear tiempos y espacios para que sucedan las cosas, de forma natural y conectada con nuestra vida. Debemos incorporar a la vida diaria el tiempo y espacio dedicado a la lectura, a la escritura, la creación, la investigación, los experimentos, … 

Para facilitar que los intereses se desarrollen, podemos reforzarlos: con el hábito diario, con el reconocimiento de lo que es adecuado, diciendo claramente qué esperamos de ellos y facilitando los recursos prácticos para que ello suceda. 



En definitiva, debemos reforzar aquellas actividades que tienen sentido y valor: académico, para su salud, para establecer hábitos.

La idea principal sería: implicarlos en nuestra vida y en nuestras actividades y diseñar actividades y ocio que les pueda beneficiar en todos los sentidos. Leed juntos. Planead juntos. Organizar juntos. Comprar juntos: y reforzad todo aquello que valga la pena.  

ANEXO
 
Reforzadores peligrosos, A EVITAR.


El peligro de reforzar a nuestros hijos e hijas de forma inadecuada… para que hagan lo que creemos que es importante

La televisión no debería ser ni un premio ni un castigo. Utilizar como reforzadores o recompensas aquellos elementos que no deseamos que ocupen más tiempo del que consideremos adecuado, hace que se conviertan en objeto de deseo y más valor por parte de nuestros hijos. Tampoco deberíamos castigar con ella, pues entonces aumentamos su valor ante nuestros hijos.

La comida no debe ser un reforzador. Comemos para alimentarnos. Si premiamos con comida, su relación con ella -en el futuro- puede ser adictiva o una salida a las dificultades y frustraciones o un recurso para calmar la ansiedad. Hemos de proteger un vínculo sano con la comida.

El amor es un reforzador peligroso. De la misma manera que la comida no debería ser un reforzador, tampoco debe serlo nuestro amor y afecto. Premiar con amor supone que éste se da o se quita de forma arbitraria o en función de si son “buenos chicos” o “malos chicos”. Nuestros hijos deben poder crecer seguros, sabiendo que el amor de sus padres y familiares es incondicional. Dar y quitar amor es como cortar el suministro del aire vital, la seguridad básica.  

“No debemos reforzar las conductas y actitudes de nuestros hijos ni con amor, ni con televisión, ni con comida: pueden ser peligrosos reforzadores.”


En definitiva, el verano, las vacaciones, los días de ocio, los espacios de relax que compartimos con nuestros hijos, son una magnífica oportunidad. Es un tiempo que permite volver a estrechar lazos. Es un tiempo que nos da la oportunidad de encontrar momentos de conexión. Es un tiempo que nos permite atesorar recuerdos para el viaje de la vida: el nuestro y, sobre todo, el suyo. Para vivir fuertes y seguros, para conquistar la felicidad, la seguridad personal y la autoestima nuestros hijos necesitan un pasado fuerte y sólido. Lleno de buenos momentos e interpretaciones positivas de la realidad que vivimos con ellos. 

Estás escribiendo -en este presente- el pasado de tus hijos: aquel que tendrá un poderoso impacto en toda su vida futura.  Procura escribir con letras de amor y de oro. Y que ese escrito de su pasado, que anotas en el día a día, contenga mensajes poderosos y positivos hacia la lectura, el afán de conocimiento, el deseo de aprender y la esperanza en un buen futuro, que encontrarán. 

¡Disfrutad de cada momento, de las pequeñas cosas que os esperan a su lado!


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