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Cartas a los padres: La aceptación


“Lo que se resiste persiste. Lo que se acepta se transforma “. Proverbio budista 


Esta es la primera carta que escribo a los padres. Hace ya muchos años que hablamos en los cursos y las reuniones sobre actitudes vitales que orientan positivamente en educación, como ésta: la aceptación. Nuestros hijos, nuestra pareja, nuestra familia, compañer@s,... como seres humanos que son, alimentan su paz interior mediante algo tan sencillo como SER ACEPTADOS, TAL CUAL SON, TAL CUAL SOMOS.


Aceptar es ver algo tal y como es, no como debería ser. Cuando no aceptamos, hacemos una fuerza que enfrenta “lo que es” y “lo que debería ser”, de forma que nos quedamos estancados, sin movernos.

Una de las actitudes más duras de sobrellevar por un niño o adolescente es no ser aceptados como personas, tal cual son. Solo nacer, hay criaturas que no responden a las expectativas que sus padres tenían: por su sexo, su aspecto, características... Ya en la escuela no resultan ser tan list@s como se esperaba, o no obedecen como deberían, resultados escolares penosos, es un desastre, malos hábitos,… Comienzan entonces las comparaciones, en las que siempre perdemos y siempre pierden aquell@s que son más frágiles. Siempre hay alguien mejor, más alto, más listo, más exitoso,….. Pero ni siquiera es@ más lo que sea gana siempre, pues depende de con qué comparemos. Esto, visto desde fuera, vence y tumba al más centrado. Siempre puede con nuestros pequeños, los cuales pueden sentir que no son suficientemente nada. Crecer con ésta fuerza que se opone a lo que eres, con lo que cuentas, la energía que te mueve en el mundo… te impide desarrollarte y moverte.

“Nada hay mejor que ustedes mismos, ahora “Jiddu Krishnamurti

La mejor manera de expresar nuestro amor por los que nos importan y por los que están en nuestra vida es reconocer todos los aspectos de la persona que es, no de la persona que podría ser. Cuando reconocemos a nuestros hijos o educandos como aquella maravilla que podrían ser o serán, les estamos sacando de su centro vital: el presente, lo que ya son. Es entonces cuando comienza la ansiedad y la insatisfacción, siempre en la búsqueda de lo que nunca llega, dejando de lado lo que ya es y ya llegó. Perdemos la oportunidad de atender o reforzar lo que es, de transformar lo que puede y debe ser mejorado, pero desde el momento presente, que es el que auténticamente existe.

“Comprender significa acción inmediata, decir que comprendemos y no actuar es eludir el hecho real” Jiddu Krishnamurti

Aclarada la cuestión sobre aceptar lo que es, pasemos a lo que preocupa a padres y educadores: la conducta indeseada. ¿Debemos aceptar una conducta que no es adecuada o que está teniendo consecuencias negativas? Lo que planteo es relacionarse con esa conducta desde la aceptación, no desde el rechazo. Significa relacionarnos con el momento presente sin rechazarlo, estando en él plena y conscientemente, aceptando lo que pasa como actitud. Es entonces cuando podremos transformar lo que sucede, desde dentro, formando parte de la solución. Cambiará absolutamente nuestra vivencia interna, accederemos a toda la información que la situación tiene para nosotros: sobre el otro, sobre nosotros, sobre el contexto en que se da la conducta, facilitando acciones efectivas de mejora y dando mayor perspectiva de comprensión y actuación en la realidad. Dejaremos de sentirnos víctimas de nuestra vida, accederemos a nuestra energía para afrontar lo que sucede y así, hacer aquello que puede mejorar la situación, tanto en el momento presente como en el futuro.

Educar desde la aceptación nos convierte en personas más significativas para el otro, nos corresponsabiliza en lo que sucede, dejamos de culpar y nos centramos en la acción y sus posibilidades de transformación. Aceptar nos aporta la información que necesitamos sobre lo que sucede, retornándonos el control de nuestra vida. Educamos en un contexto en continuo cambio, que siempre es nuevo. No nos servirán las fórmulas que nos de nadie, ni la opinión del más reputado especialista. Es entonces cuando nos damos cuenta de lo importantes y magníficos que somos para nuestros hijos, somos las personas con las que auténticamente cuentan.

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