lunes, 30 de enero de 2012

Elementos protectores ante los riesgos de la vida en sociedad

¿Què has descubierto las últimas investigaciones?

La evidencia científica relacionada con la salud física y mental de los jóvenes demuestra que existen elementos protectores que resultan esenciales para la vida en sociedad. 
     Estos elementos se pueden enseñar y está demostrada su influencia en la mejora del bienestar de las personas, descenso de situaciones de riesgo y mejora de la salud de nuestros pequeños/as y jóvenes.


Los vínculos emocionales son un elemento protector básico de supervivencia, ya que contar con personas que nos puedan ofrecer consuelo, ayuda y consejo nos protege del impacto letal de traumas y contratiempos de la vida. Por el contrario, la sensación de no tener suficiente tiempo con quien compartir los sentimientos y mantener cierta intimidad duplica las probabilidades de contraer una enfermedad o morir más prematuramente que si contamos con soportes, según afirman Daniel Goleman o neurólogos de la talla de Robert Sapolsky. 
Los chicos y chicas que han seguido programas de alfabetización emocional se encuentran en mejores condiciones que los compañeros que no los han seguido para hacer frente a peligros como la presión de grupo negativa, las exigencias académicas y las invitaciones a fumar o tomar drogas. La Organización Mundial de la Salud (OMS), hizo una propuesta: un programa de desarrollo de habilidades para la vida. Las 10 habilidades propuestas son: 
  • Conocimiento de uno mismo
  • Empatía
  • Comunicación efectiva
  • Relaciones interpersonales (incluye habilidades de negociación y rechazo)
  • Toma de decisiones
  • Solución de problemas y conflictos 
  • Pensamiento creativo
  • Pensamiento crítico
  • Manejo de emociones y sentimientos
  • Manejo de tensiones y estrés  
Padres y madres, educadores: es posible prevenir muchas de las situaciones que pueden afectar negativamente la vida de nuestros hijos y educandos. La mejor vacuna: la educación. Todo lo que he mostrado puede educarse. Existen programas y actuaciones cotidianas en nuestros hogares que pueden desarrollar estas habilidades. No seremos Virginia Satir, ni Fritz Pearls, ni tampoco John Dewey, pero somos los padres o educadores, únicos responsables de lo que estemos transmitiendo y enseñando a nuestros pequeños. Comencemos ya: el premio es una vida mejor para nuestros hijos. 

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